¿Católico de dos caras?

Siempre hemos escuchado hablar sobre las dos caras de la moneda, las dos versiones de la historia y los 2 polos opuestos que se atraen. Aplicando esto a nuestra vida espiritual y aunque somos una sola persona, ¿podemos tener 2 caras? Y antes de empezar a imaginar cosas raras, pensemos en cuántas veces hemos aparentado ser otra persona lejos de nuestro entorno eclesial.

Sí, este artículo es para que dejemos de ser tan hipócritas en nuestra fe. La verdad es que me escandaliza saber cómo hay jóvenes que dicen ser testigos del amor de Dios y laicos comprometidos al servicio de la iglesia, sin embargo, los ves emborrachándose “en su otra vida” en una fiesta y al día siguiente están encabezando uno de los 5 misterios del rosario antes de la Santa Misa. O aquellos que ves en la fila de comunión cada domingo bien vestidos y saludando a todas las señoras del Sagrado corazón de Jesús, pero luego, esa misma tarde con un grupo de amigos de la U se atragantan hasta más no poder una tanda retroactiva de drogas para ser seres humanos infelizmente alegres. (Esto me recuerda a cuando pensamos que el cuerpo nos pertenece y podemos hacer cualquier cosa con él) ¿He sido muy ruda? Pues lamento informar que no estamos para estos juegos de bipolaridad ni de que un día soy católico, pero el otro me voy de fiesta hasta el amanecer con la amiguita que mi novia no conoce. Si queremos de verdad ser agentes de cambio y católicos de acción, debemos parar ya nuestra otra vida oculta mundana dónde escondemos las camándulas y las caras decentes para ser parte del mundo o aceptados en un entorno social que de por sí sabemos que no está en lo correcto.

¡Hay que despertar ya!

Una vez alguien que no va a la iglesia me cuestionó algo que en parte motivó este artículo. Estábamos hablando mientras bajábamos las escaleras de la Universidad un lunes por la noche y mientras yo le comentaba sobre un evento en mi parroquia me interceptó y preguntó: Mariee, ¿por qué me sigues insistiendo en entrar al grupo parroquial si a veces la gente que está en la iglesia son iguales o peores que los que no estamos en ella?

Siempre he defendido el contexto de que la iglesia no es un museo de santos, sino un hogar de pecadores con ánimos de ser mejores personas y alcanzar la Santidad, sin embargo, debo admitir que su cuestionamiento me dejó fuera de base porque es cierto, existe una diferencia abismal entre un joven que está en la iglesia y que como todos comete errores, peca y busca enmendarlos y cambiar, a un joven que también está en la iglesia pero hace cosas a lo oculto, tiene literalmente una doble vida que al final siempre sale a la luz y se la pasa juzgando, señalando y siendo todo menos un ejemplo, pero aun así tiene el descaro de hacerse frente de forma egocéntrica en temas eclesiales abogando que es un tremendo siervo de Dios. Por favor, si de verdad queremos hacer un cambio en el mundo por medio de la conversión de muchas almas, ¿cuándo captaremos que debemos empezar por nuestro propio cambio para después llegar a otros?

Esto me hace caer en otro punto importante. Debemos dejar de buscar ser el centro de atención o la última Coca Cola del desierto en un entorno eclesial dónde Jesús es el único que merece la atención. Confundimos los cables y pensamos que por estar haciendo buenas obras tenemos derecho a alzar nuestro ego entorno a ellas y a ganar fama porque somos unos buenos católicos, ¿cuándo nos volvimos tan poco prudentes? Y así nos podemos ir listando actitudes, comentarios y acciones directas que hacemos porque muchas veces como católicos creemos que somos mejores que todo el montón de pecadores de afuera que no va a misa los domingos, pero… ¿de qué sirve que vayas todos los días a misa si sigues siendo el mismo ser humano libre de culpa y sin ánimos de cambiar? ¿Todo queda en un tema de imagen entonces?

Creo que es tiempo de empezar a ser las personas que queremos ver en el mundo. Dejar de vivir acomplejados con el aspecto social de cómo encajar en el mundo si en realidad sabemos que estamos llamados a no ser parte del mismo. Sabemos que la iglesia y que los que formamos parte de ella no somos perfectos, sin embargo, ¿no sería maravilloso dejar la hipocresía y vivir a plenitud y conforme a la voluntad de Dios? Si eres un joven que da su tiempo, su entrega y que quiere servir al Señor, no podemos vivir entre dos bandos. No podemos ser un día full católicos comprometidos y al siguiente los más bebedores del bar de la esquina o los que salen muy reídos en fotos de Instagram celebrando el Smash party en pleno sábado santo. Y cómo se dice, o estás o no estás, porque a medias no sirve. Yo creo que aún como jóvenes católicos no captamos la esencia de nuestro servicio. No entendemos que nuestro ejemplo vale oro en esta sociedad y que si hemos decidido formar parte del servicio a la iglesia y de formarnos como católicos y laicos comprometidos, tenemos que abandonarnos al Señor. Seamos católicos de forma integral, no a medias. Y claro, no hay nada de malo en salir a fiestas o a compartir con los amigos y divertirse, pero yo soy fiel defensora de que podemos salir como jóvenes y pasar un buen rato en dónde sea que nos guste ir, ya sea un concierto, una fiesta o una salida entre amigos sin caer en “shows”, perversiones o actitudes y acciones poco prudentes y no dignas de un católico.

Por eso, hoy te invito a dar todo por el todo en tus acciones, a que tu testimonio sea un ejemplo a seguir y que dejemos de estar jugando con nuestra fe. Jesús te ama tanto que dio su vida por ti y quiere que tú vivas ahora por Él. Seamos jóvenes valientes, contracorriente y hechos y derechos de que nuestra fe no tiene dos caras, sino un solo norte que nos lleva a buscar la Santidad día a día.

Escrito desde Panamá, para la Gloria de Dios, por María Gómez, miembro de DHCatólico