¿Cómo recibiré a Jesús en esta Navidad?

Estamos en Adviento y mientras algunos se reúnen cada domingo en torno a la corona de Adviento para prepararse espiritualmente, otros empiezan a calcular entre el dinero extra, el bonus de la oficina, el ahorro anual y su quincena para ver cuántos regalos pueden comprar. ¿De qué bando eres tú?

Es cierto, con el paso de los años pasamos de mirar el pesebre humilde donde nació Jesús a prestar una intensa atención en las luces, colores, arbolitos, aguinaldos y six packs de pintas y demás bebidas para recibir la mañana del 25 de noviembre con una mezcla de “alegría” e inconsciencia por no recordarte lo que pasó la noche anterior. Entonces, debemos darnos un leve golpe en la cabeza para recordar que la Navidad no es un tema comercial o de imagen, sino, que es la fiesta donde celebramos el Nacimiento de Jesús. Un nacimiento que representa nuestra Salvación, la primera venida del Rey de Reyes y es una ocasión especial para reflexionar en familia y comprender que estamos vivos para dar ese mensaje de paz y amor que revivimos cada Navidad en torno a esta fecha tan bella como es el 25 de diciembre. La pregunta del millón es: ¿Cómo recibiremos a Jesús? ¿Preparados? ¿Sin ánimos? ¿Confundidos sobre qué celebramos? ¿Con un trago en la mano?.

Por más cliché que suene, el verdadero sentido de la Navidad ha sido opacado por una ola comercial donde enseñamos a los niños a poner su fe en un muñeco barrigón que trae juguetes, en largas filas para comprar ron y en filas aún más catastróficas para comprar regalos y envolverlos con un papel de renos o muñecos de nieve. Al final, no todo es malo, ya que la Navidad inspira a compartir y por ende dar regalos es un lindo detalle, sin embargo, antes de preocuparnos tanto por este punto, enfoquemos nuestra mente y corazón en Jesús. Entonces, ¿cómo puedo vivir mi navidad a plenitud? Aquí algunos consejos:

  1. Primero Adviento, luego Navidad: no saltemos etapas. Acabamos de iniciar el año litúrgico con el tiempo de Adviento (Puedes leer Primer, Segundo y Tercer domingo de Adviento), el cual denota una espera reflexiva cargada de esperanza y ternura mientras Jesús vuelve a nacer en nuestros corazones. Son 4 semanas de la mano de la Palabra de Dios y con la corona de Adviento como símbolo para comprender que Jesús vino a salvarnos y debemos recibirlo con un corazón lleno de amor y atento a escuchar.
  2. Compartamos con quiénes necesitan: la onda de los regalos entre familiares y amigos es de esos detalles justos y casi que necesarios en la mentalidad de la sociedad, lo cual está bien, sin embargo, ¿qué tal si también somos generosos con aquellos que probablemente no conocemos pero que necesitan de un abrazo y una mano amiga en estas fechas? Desde aquel vecino que no tiene mucho para comer o investigar más a fondo y encontrar alguna comunidad con necesidades básicas muy notables, seamos caritativos y demos un acompañamiento, un abrazo y un aporte económico con comida o juguetes si son niños para darles una Navidad llena de esperanza y a la vez ser instrumentos de que los hijos de Dios amamos ayudar a los demás. Ojo: este consejo aplica para todo el año, no solo para Navidad.
  3. ¡Misa! ¡Misa!: te invito a ir a la Santa Misa en Navidad. Antes de cenar bien chévere, antes de abrir tu regalo, antes de cantar villancicos mientras visitas a tus familiares, ¡ve a Misa! La Misa de Noche Buena es la celebración para la grata llegada del Niño Jesús y al día siguiente, 25 de diciembre, es día de precepto, por lo que todos debemos ir como hermanos en Cristo felices a celebrar con gozo de que el Niño ya nació.
  4. Corazón alegre y mente en paz: esto es muy importante. Sé que todos tenemos problemas que nos estresan y sacan de nuestra paz interior, probablemente tenemos algún pleito con alguien o no somos los favoritos de un par de personas, sin embargo, el Adviento nos llama a trabajar la paz y promover el perdón. Y no me refiero a una forma hipócrita, sino de forma sincera y con ánimos de dejar todo el ambiente en buena onda. Ojo: no se trata de ser el mejor amigo de aquel que te hizo daño o forzar una amistad con alguien que sabes que no te edifica ni aporta nada positivo, pero sí se trata de aclarar los pleitos, llevar la fiesta en paz y poder estar bien con esas personas, sin peleas, sin rencores y sin ganas de matarse. Tener tu corazón libre de rencores permitirá que tengas mucho más espacio para dar amor y recibir a Jesús como merece.
  5. Unidad familiar: la Navidad es la fiesta por excelencia donde compartimos en familia, o al menos así debería ser. Asistir a Misa juntos, cenar, ver los regalos, visitar a los abuelos, tíos, primos, etc. En la Navidad recordamos la unión de la Sagrada Familia de Nazaret, tras el Nacimiento del Niño Jesús y nosotros debemos tomar este hermoso ejemplo para que nuestra familia se mantenga unida siempre, incluso a través de las adversidades.

Al final, el Adviento busca que entremos en razón de preparación para esta fecha tan especial y recordemos que por encima de la cena, los regalos y toda la onda comercial que nos ahorca, está Jesús. Y sin Jesús, no hay Navidad.

Escrito, para la gloria de Dios, desde Panamá por María Gomez, miembro de DHCatólico