El tiempo que le dedico a Dios ¿Tiempo perdido?

Pondré mis talentos y dones al servicio de Dios y de la Iglesia, para mí una plena realización y riqueza a nivel espiritual, personal, mental, social, para la gran mayoría, algo incomprensible y sin valor, ¿y eso para qué?; ¿cuánto ganarás?; para eso están las religiosas y los sacerdotes; eso no sirve para nada; eso es perder el tiempo; hay cosas más interesantes y mejores que hacer en la vida; no tengo tiempo; no sirvo para eso; con ir a Misa es suficiente, muchas preguntas, opiniones y excusas, pero entonces, ¿Qué lugar le estás dando a Dios en tu vida?.

En este tiempo, en el cual, las múltiples distracciones que el contexto nos presenta,  nos están apartando cada vez más de Dios, dejándolo en un último plano, se desvirtúa por tanto la vida espiritual, para dar prioridad a la corporal, a lo mundano, a toda clase de orgias, como son: Los placeres de la carne; la vanidad; el egoísmo; el apego a lo material; las adicciones tanto a lo tecnológico como a ciertas sustancias psicoactivas; la búsqueda de diversión insana; el rodearse de malas compañías, en fin, estoy vivo (a) para el mundo, pero muerto (a) para Dios, y no al contrario como debería ser y como lo expresa San Pablo en una de sus sabias frases. Existo para lo terrenal, lo fácil, lo que me da satisfacción momentánea; lo que hacen todos y todas y que me permite ser socialmente aceptado (a), acostumbrandome a vivir arrastrado (a) por lo vano; servir a Dios y a la humanidad, se ha convertido para muchos y muchas, en algo ilógico, sin sentido, aburrido, les parecerá que ¡es cosa de locos (as)!.

Si bien, cada quien es libre de decidir en que y a que dedica su tiempo, elegir el camino a tomar en su vida, lo que hace y lo que no hace, y es difícil llegar a cambiar sus ideologías, modos de ser, rutinas, y/o costumbres, no tengamos miedo de romper esas barreras y esos paradigmas, a pesar de los obstáculos, rechazos, burlas, y esquemas cerrados que encontremos, no nos detengamos de vivir nuestra fe, defenderla y compartirla. Hagamos que nuestra vida loca por Dios, transforme muchas, que esta sea un ejemplo arrasador, teniendo presente las virtudes de Santa María, dando testimonio de Dios mas que con nuestras palabras, con nuestras acciones y actitudes, en todo momento y lugar, siendo verdaderos y alegres seguidores de Dios, que como sus discípulos y misioneros, reflejemos a los demás nuestra auténtica vida católica, y en esta, la Misericordia de Dios, y se convenzan así, de que vale la pena ser de Dios y ser obreros de su mies, como lo dice San Pablo, “trabajar con temor y temblor por nuestra salvación”, nuestro fin único, siendo continuadores de la Obra Salvífica, sirviendo con amor a Dios y a la humanidad. Pues no basta con ir a Misa, lo que vivimos en ésta, hay que practicarlo y cumplirlo como fieles hijos de Dios, no obstante, para eso fuimos creados por Él, para amarlo, conocerlo y servirlo, y llegar finalmente a Él.

Aprender a vivir en Dios y saber vivir nuestro estilo de vida en Él, pensando, amando, sintiendo, actuando, sirviendo como Él, permitiendo que sólo Él sea nuestro centro y prioridad, nos llevará a preocuparnos más por como, por que, para que, existimos y vivimos y en  que encaminamos nuestros intereses, si en las consecuencias eternas o en las terrenas, pues todo lo que hacemos por y para Dios, Él lo mira en silencio y la recompensa será nuestra salvación definitiva y nuestra meta el Cielo, el más preciado de los regalos, es por esto que podemos decir sin duda alguna que:

 ¡El tiempo para Dios, es y será siempre el tiempo mejor invertido!

 

Escrito desde Colombia, para la Gloria de Dios, por María Nathaly Llorente Guerrero, colaboradora de DHCatólico