Entre Medallas y Dolores

Creo que todos estuvimos a la espera de los Juegos Olímpicos Río 2016 y de cada una de las medallas que los países participantes podían ganar, estar a la espera de las grandes estrellas de natación, atletismo, de tiro, de aquellos que podían dar la cara y el honor por una nación y dejar todo por convertirse en grandes.

¿A qué país le ibas?

En mi país, El Salvador, el deporte muchas veces no es apoyado o no tiene el empuje suficiente como para hacer grandes emociones, algo así como a veces nuestra iglesia, pero sí tenemos grandes atletas que han puesto la frente en alto cuando se escucha nuestro Himno Nacional al haber ganado una presea, ¡Eso es emocionante!.

A pesar de todo eso, muchas veces me pregunto: ¿Es más importante un deporte que la religión? (Vamos aclarando este punto, no quiero decir y nunca diré que el deporte no es importante o que es algo malo).

Vimos claros ejemplos de cómo estos deportistas defendían su categoría; pero vimos a muchísimos que antes de participar hacían la señal de la Cruz, otros que hacían una pequeña oración, otros que se quedaron atrás con el esmero de ayudar al prójimo (sin importar perder ellos también), otros que hasta tenían escrito el nombre de “Jesús” en alguna prenda, ¡Eso es mucho más emocionante!.

Pero veamos más allá… veamos a nuestro alrededor, a la gente que tanto queremos, a la gente que no tanto queremos, a nuestros maestros, a nuestros amigos, a nuestros padres… Piensa en ellos por un momento… ¿Están felices?, ¿están seguros?, ¿están sanos?. Pueda que te realice más preguntas y quizás me vas a responder: “¡NO!”… Y es ahí donde comienza otra emoción, no de la misma manera que las emociones anteriores, no de las que vencieron, no de las que salieron adelante.

ayuda

Nikki Hamblin ayudando a Abbey D’Agostino cuando cayó

Pero… ¿Por qué no has ayudado a quién te necesita? No podemos quedarnos sentados viendo cómo los demás ayudan a los demás, no es posible que veamos tanto sufrimiento en el mundo, no es de un cristiano ver como un niño inocente se sienta aturdido sin saber qué pasa (mientras ve su propia sangre), no es justo que nosotros no estemos haciendo algo para poder tener un mejor mundo.

Somos católicos, somos universales, tenemos todo el compromiso y el amor que el Padre nos ha dado para nosotros darlo a los demás, somos personas convertidas que no necesitan de una medalla para sentirse orgullosos de las cosas que el Espíritu Santo nos mueve a hacer, tenemos ese “no sé que” impulsando a tener días alegres para los demás, somos el pueblo escogido por Dios para hacer grandes cosas, y el pueblo de Él no cae ante el mundo, somos los más privilegiados para poder ir por el mundo y predicar Su palabra. Entonces… ¡Ve!, ¡Levantate!, ¡Anda!, ¡No esperes que otro lo haga por ti!, ¡Evangeliza!. Recuerda que solo una vida tenemos y es suficiente para poder hacer que otros tengan una mejor vida junto a Jesucristo. El Papa nos ha dicho que seamos protagonistas, así que no te quedes sentado.

¿Quieres ser un ganador?… Ok…Solo te pido algo más… Ora por nosotros, ora por ti, ora por tu familia, ora por nuestra iglesia católica, ora por nuestro país… En fin… ¡Ora!