Jugando con el tiempo

¿Cuándo fue la última vez que te dedicaste a vivir? Que saliste con tus amigos, que visitaste a tus padres, que te auto consentiste con un postre, que hiciste un viaje improvisado, que visitaste a Jesús Sacramentado. Este artículo busca crear en ti una conciencia equilibrada de vivir y dejar de ser un esclavo del tiempo y la rutina. Estamos jugando con el tiempo y puedo estar segura de que estamos perdiendo contra el mismo. Decimos que somos dueños del tiempo, sin embargo vivimos amarrados a agendas tediosas, a rutinas que no son nuestras favoritas y no aprovechamos el tiempo libre en asuntos productivos. Es cierto, hay cosas que simplemente no podemos evitar como el tiempo que dedicamos al trabajo, los estudios y al hogar en general. Pero hay momentos del día que de seguro te encuentras mirando al techo, tendido en tu cama o sentado dándole la vuelta al control remoto con los canales o viendo por quinta vez la repetición del programa #25 de tu serie favorita y te preguntas, ¿qué estoy haciendo con mi vida?

Estoy súper clara que el dinero y la escasez de algunos recursos puede truncar tus sueños de cómo pasar el tiempo libre, sin embargo siempre hay buenas opciones para vivir la vida de forma diferente y no morir en el intento de hacer algo genial. ¿Por qué no utilizar el tiempo libre para hacer cosas que nos hagan felices? Una salida aunque sea a un helado el fin de semana, un paseo improvisado al río más cercano, una visita inesperada a un amigo o simplemente darse el gusto por uno mismo de ir al cine y ver esa película que tiene ya 3 semanas en cartelera pero que querías ver desde que salió el tráiler. Muchas veces aplazamos metas o cosas que quisiéramos hacer porque creemos que nos hace falta más dinero o más experiencia o una alineación perfecta de los astros para así poder tener la agenda perfecta. Y con esa mentalidad llegamos a perder mucho tiempo, tiempo que no volverá. Incluso con nuestra vida espiritual sucede esto, creemos que es no se puede orar a menos que estemos en el Templo cuando también podemos hacerlo desde nuestra habitación mientras meditamos el santo Rosario, queremos hacer un plan magistral y esperar 5 meses por el retiro pre cuaresmal para entonces decir que podemos tener una experiencia de fe real cuando podemos entrar a un grupo juvenil en la parroquia que tenemos al lado y empezar desde ya nuestro camino de conversión. Vivimos esperando siempre el momento perfecto, que muchas veces no resulta como esperamos y dejamos pasar miles de hermosas oportunidades por miedo a que no sean las indicadas. Entonces, ¿cuándo dejaremos de ver pasar la vida y empezaremos a vivirla como se debe?

Tanto en tu aspecto espiritual como social, ¡vive! Si te gusta bailar, baila. Si quieres aprender un idioma, investiga en colegios o cursos y empieza a aprender. Si quieres formalizar un proyecto espiritual con tu grupo juvenil, empieza a crear un plan piloto y hazlo realidad con el fin de evangelizar a más jóvenes. Y si tienes un sueño y sientes que debes esperar aún más tiempo para que sea realidad, empieza a creer que ahora es el momento y da ese primer gigante paso que será tu impulso fuerte hacia lo que deseas alcanzar. No se trata de encontrar el momento justo e ideal, sino de vivir cada día como el último y aprender de cada situación, ayudar a todo el que puedas y dar ese granito de arena a la sociedad para que valga la pena cada respiro que das. Dios te dio la vida a través de tus padres y te tiene en este mundo  para acercar más almas a su camino y ser buenas personas en pensamiento y acción. Tus sueños, tu vida espiritual y todo lo que tu mente conserva es un portal abierto de emociones para vivir a profundidad cada día. ¡Vive!

Escrito desde Panamá, para la gloria de Dios, por María Gomez - Colaboradora de DHCatólico