¿Por qué no vemos la JMJ en casa? 10 Buenas razones para no hacerlo

 Cada vez más se acerca la nueva edición de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Esta vez, por primera ocasión, será en un país centroamericano, lo cual ha activado la alerta de muchos grupos juveniles y parroquias a lo largo de esta región, quienes quizá, en otras ocasiones, ni siquiera se atrevieron a soñar con la posibilidad de encontrarse con miles de jóvenes y con el papa porque los destinos representaban lejanía y alto costo.

 

Mi parroquia no ha sido la excepción. Aunque está ubicada en el más pequeño de los países centroamericanos, la JMJ ha causado mucho revuelo y los grupos juveniles o personas que antes veían lejos, pero muy lejos, esta fiesta de la juventud, ahora ya trabajan incansablemente por asistir. Pero la resistencia no puede dejar de hacer de las suyas: siempre habrá alguien que  prefiere no apostar por la juventud, alguien que prefiere hacer de modo fácil las cosas y ese alguien se topó conmigo y me preguntó: ¿Por qué, mejor, no ven la Jornada en la televisión?

 

Debo confesar que se me cruzaron por la cabeza una infinidad de respuestas, incluidas un par no tan fraternas ni cristianas. Pero me limité a decir: ¡Qué pecado! No sea así. Su pregunta no dejó de darme vueltas en la cabeza, hasta que me senté a escribir estas líneas. Y se me ocurrieron 10 buenas razones, al menos para mí, y sé que muchos se identificarán conmigo para responderle a ese amigo por el que, tengan por seguro, voy a orar mucho.

 

  1. Atendemos el llamado del Vicario de Cristo.

Los que hemos asistido o asistiremos a una Jornada Mundial de la Juventud atendemos una invitación más que especial. Es el mismo representante de Cristo, acá en la tierra, quien nos llama a reunirnos con él y miles de jóvenes, porque cree en nosotros, porque apuesta por la juventud de la Iglesia.

 

  1. La JMJ no es un evento cualquiera.

A lo largo de la historia, las JMJ ha congregado a millones de jóvenes que profesan una misma fe y viven una fiesta para Cristo y por Cristo. Es un evento de magnitud única en  nuestra Iglesia. Entonces, ¿por qué quedarme viéndolo en la TV si puedo hacer todo el esfuerzo para asistir y ser un puntito en ese mar de jóvenes que están locos por Cristo?.

 

  1. La Jornada es una oportunidad de crecimiento.

Ahora dejemos a un lado la cantidad, la magnitud de personas que participan. Quienes hemos asistido, sabemos que cada día en la JMJ es una oportunidad para crecer, para reavivar nuestra fe, para encontrarnos con el mismo Jesús, para descubrir de la mejor manera, que no estamos solos, que hay muchos como nosotros desgastándose por Cristo en todo el mundo.

 

 

 

  1. No es un viaje turístico. Peregrinamos.

Sí, no es un viaje turístico. Y lo siento por quienes aún no han ido a una jornada y pensaban que sí lo era. Pero esto se trata de una peregrinación, de un camino que emprendemos en nombre de Dios, juntos como Iglesia joven y unida. Un camino que muchas veces, todos los días, se recorre a pie bajo sol y sombra. Un camino en el que se duerme como se puede y se come lo que se encuentra pero con la alegría de saberse parte de una Iglesia viva.

 

  1. Enseña el valor de las cosas

Si algo se aprende al final de una JMJ es sobre el valor que tiene todo. Tan justo y necesario en estos tiempos en los que los jóvenes están acostumbrados a lo fácil, a lo pasajero, a que siempre hay alguien que resuelve por ellos. Qué buena excusa es una jornada para aprender a ganarse las cosas trabajando, y trabajando duro, en equipo, solos, aprendiendo cosas nuevas y disfrutando al final de todo: ese placer que solo da la experiencia de haber trabajado con nuestras propias manos por algo y haber tenido éxito, gracias a Dios, porque sin él no podemos.

 

  1. La JMJ da frutos

La huella que significa para un joven peregrino que participó en una JMJ es indescriptible. Marca. Y sus frutos pueden ser grandes y maravillosos. Se sabe ya de innumerables testimonios de jóvenes que se han reformado después de esta experiencia, de otros que han decidido consagrarse a Dios, de otros que han concluido ir contracorriente par siempre y hacer lío en sus comunidades.

 

  1. Es un espacio único para los jóvenes

Cuánta falta hacen los espacios seguros y sanos para la juventud hoy en día, sobre todo en Centroamérica. Nuestros jóvenes están tan acostumbrados a la inseguridad, a la violencia misma, a la muerte. Todo eso que debería horrorizarnos ya nos es natural y no debería ser así. A la juventud hay que mostrarle otros caminos, otras posibilidades, decirles que puede haber paz, que hay que construirla. La JMJ ofrece una semana, o dos, de tranquilidad, de nuevos aires, de nuevas vibras, de ambiente de Iglesia. Tiempo oportuno y suficiente para transformar mentes y corazones.

 

  1. Fortalece lazos humanos

La pre jornada, como yo le llamo, a todo ese recorrido previo en el que toca crecer como grupo y aprender a trabajar en equipo: vendiendo comida, reciclando botellas, trabajando fines de semana, es una excelente oportunidad para fortalecer relaciones humanas, que seguramente se convertirán en el proceso o más adelante en amistades sólidas, verdaderas, de las que hacen falta hoy en día. De esas que se han tenido que gritar, de esas que han tenido que llorar o reír por el cansancio o el fracaso, para poder construirse paso a paso.

 

  1. La TV se queda corta

Nunca, de los nunca, ver algo en televisión va significar lo mismo que ser parte de. Lo que se vive y respira en una JMJ ningún medio va poder transmitirlo. Es una comunión verdadera, es como si todas esas razas, edades, carácteres, tan diferentes tan opuestos, se conocieran de toda la vida, se entendieran por una semana, vibraran bajo la misma fuerza, la fuerza del Espíritu Santo. El corazón late a mil, al unísono, se eriza la piel, se grita a todo pulmón “Esta es la juventud del papa”, se olvida todo, el corazón se llena de una alegría inexplicable e inigualable, se cae de rodillas ante Jesús Sacramentado, sin decir nada, pero sentir todo. Sobre todo a ese Dios que nunca te deja y que te ha llevado hasta ese lugar como premio, como una pequeñísima muestra del reino que él ofrece si escogemos su camino.

 

  1. Es Dios quien nos recibe

Quiero terminar con esto. Si tuviera que describir que es lo más parecido al abrazo de Dios o si tuviera que ponerle un rostro, no dudaría en pensar en todas esas personas que abren las puertas de sus casas para recibir peregrinos, sin conocernos, sin saber qué llevamos con nosotros. Están ahí para extender sus brazos y ofrecer un pedacito de suelo que se vuelve la mejor de las camas. Pensaría además en todos esos voluntarios que donan todo su esfuerzo a cambio de nada, que están ahí parados día y noche, listos, atentos, dispuestos a ayudar  a los miles de jóvenes, que incluso han renunciado a vivir la experiencia de la JMJ como peregrinos.  ¿Quieres conocer a Dios? Te veo en Panamá 2019.

Escrito gracias a Diana Verónica Ayala, miembro de Dhcatólico