…Que tome su Cruz y me siga

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: <<El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga>>” (Mt. 16, 24). Pero para poder hacer esto es necesario que sepamos a qué cruz se refiere Jesucristo con esto. Él cargó una cruz de madera, formada por dos grandes y pesados pedazos, pero no es esta cruz la que Él dice que carguemos.

Nuestra cruz es lo que nos dificulta la vida. Puede ser externo, como interno; físico o psicológico; mío o de nosotros; puede ser una enfermedad del cuerpo o de la mente; puede ser alguien con quien vivimos o podemos ser nosotros… la cruz es tan diversa, como distintas somos las personas.

La cruz es una forma en la que podemos ser tentados a alejarnos de Dios, pues al ser esta una situación difícil, incómoda y/o dolorosa lo que podemos pensar de primera mano es que Dios nos está castigando o está lejos de nosotros. Pero no es así. Aunque es difícil, es necesario que entendamos que la cruz es una situación con la cual Dios nos está demostrando que tenemos más fuerzas de las que creemos.

La cruz es la forma en la que podemos acercarnos más a Dios, pues es en esta situación cuando más debemos buscar a Dios, es cuando más debemos orarle. Dios no prometió días sin oscuridad, mas sí prometió que estará con nosotros hasta el fin de los tiempos.

La cruz puede ser una situación pasajera o puede ser algo permanente. Pero en ambos casos la cruz sigue siendo esa entrega de amor que Jesús nos pidió en la cita bíblica con la que comienza esta publicación. Cristo nos pide que tomemos nuestra cruz y lo sigamos, y lo pide no porque no le importe que estemos sufriendo, al contrario, nos pide que lo sigamos pues Él es nuestra fortaleza y quiere que confiemos en Su intercesión en nuestras vidas.

No podemos dudar que la cruz es parte de nuestro ser cristianos y mucho menos podemos pretender no tenerla nunca a lo largo de nuestra vida, más bien, es de cristianos ver en la propia cruz la cruz de Cristo. Es propio de nosotros ver en nuestro sufrimiento un poco del sufrimiento de nuestro Señor. Sentirnos otro Cristo, sentir que al cargar nuestra cruz cargamos, con Jesús, la cruz de la Redención.

Escrito, para la gloria de Dios, desde Barcelona por Gustavo Merlo, colaborador de DHCatólico