¡SER LIBRES EN DIOS!

Papa Francisco desde el Medellín, en su homilía, nos recuerda lo que agrada a Dios de cada uno de nosotros, discípulos y misioneros de la persona de Jesucristo, llamados a dar respuesta con nuestro seguimiento fiel, comprometido y verdadero, involucrándonos como Iglesia viva, activa y tranformadora, al servicio de Él y de nuestro prójimo, llamados a ver la realidad, juzgar con los ojos y el corazon de Dios, y actuar, anunciando, denunciando e invitando a la conversión.

La fe es un estilo de vida en Jesucristo, por tanto implica unas prioridades:

La primera, ir a lo esencial: ir al encuentro con Jesucristo vivo, el verdadero sentido de nuestra vida, llenando nuestro ser de su amor y entregándole todo nuestro amor a Él, escuchando, guardando y poniendo en practica su Palabra, propiciando el encuentro con Dios y con el otro.

La segunda, renovarnos: Dejar actuar al Espíritu de Amor en nosotros, dejándonos mover por Él, apartándonos de todo miedo perturbador, de todo apego a lo material, sin apartarnos de Dios, teniendo presente siempre su ley, la ley del amor, una ley a la que Él da plenitud, no una ley rígida, fría, impositiva y castigadora, una ley que promueva la paz, la verdad, la justicia, el amor, la reconciliación.

La tercera, involucrarse: Ser una Iglesia de puertas abiertas, que no discrimine, que permita el acceso a todos, no solo quedarnos esperando a que todos lleguen, sino también salir a su encuentro, teniendo presente, que todos somos portadores de Dios, que todos necesitamos de Él, todos caminamos hacia Él, por tanto religiosas, religiosos; sacerdotes, fieles laicos, debemos ayudar a los demás a saciarse de Dios. Precisamente siendo esta la intención de Papa Francisco, para unirnos en oración en este mes.

“La Iglesia no es una aduana, tiene las puertas abiertas, porque el corazón de Dios tiene las puertas abiertas”.

Escrito por nuestra corresponsal: María Nathaly Llorente Guerrero